El chef con estrella Michelin Jordi Cruz publicó un video en Instagram en el que advierte a los consumidores sobre el uso de queso rallado en funda, explicando por qué, según su criterio profesional, no ofrece la misma calidad que el queso rallado en casa.
En el video, Cruz lanza un mensaje directo: “Con el queso rallado algo no haces bien y no lo sabes”. A partir de ahí, detalla que una de las primeras señales de alerta es la textura excesivamente fina, casi “en polvo”, que suele presentar el queso rallado industrial. Para el chef, esta característica no es casual, sino un indicio del proceso al que ha sido sometido el producto.
El cocinero señala que, al optar por queso rallado ya envasado, el consumidor pierde control sobre el origen y el tipo de queso que está comiendo. “No sabes el origen, no sabes qué queso han rallado”, afirma, subrayando que esa falta de información limita la capacidad de elegir un producto acorde al gusto y a la calidad deseada.
Aditivos presentes en el queso rallado industrial
Uno de los puntos centrales de la advertencia de Cruz se refiere a los ingredientes añadidos al queso rallado para evitar que se apelmace dentro del envase. Según explica, estos productos suelen incorporar celulosa en polvo, fosfatos y almidones.
El chef aclara que estos componentes no necesariamente son perjudiciales para la salud, pero considera que “sobran” cuando el objetivo es consumir queso. Desde su perspectiva, estos aditivos no aportan sabor ni valor gastronómico, y sí influyen en la textura y en la forma en que el queso se funde al cocinarlo.
Cruz remarca que esta composición explica por qué el queso rallado industrial se comporta peor en gratinados o salsas, en comparación con el queso recién rallado.
Ventajas del queso recién rallado
Frente a esta opción, el chef defiende el queso rallado al momento, al que atribuye un mayor “potencial” del producto. “En dos segunditos tenemos un queso rallado perfecto, que va a tener todo el sabor, todo el potencial aromático y toda la calidad”, sostiene.
También establece una diferencia clara en la textura: el queso recién rallado resulta más graso y ligeramente apelmazado, mientras que el industrial es seco y pulverizado. Esta diferencia, según explica, influye directamente en la experiencia gastronómica final.
Recomendaciones prácticas
Además de la crítica, Cruz ofrece consejos prácticos para hacerlo correctamente en casa. Recomienda elegir un queso duro, que se ralle con facilidad, y prepararlo adecuadamente para evitar que el calor lo derrita durante el proceso.
Entre sus sugerencias está cortar el queso en dados pequeños y enfriarlo previamente, incluso dejándolo unos minutos en el congelador, para lograr un rallado rápido y fino sin que se caliente. El objetivo, afirma, es “comer el queso que tú quieres comer, con la calidad que tú quieres y sin ingredientes que le sobren”.
El queso como alimento
Más allá del debate culinario, el queso es un alimento de alto valor nutricional, ya que concentra nutrientes de la leche en un formato más compacto. Aporta proteínas de alta calidad, calcio esencial para huesos y dientes, y vitaminas como A, D y B12, clave para el sistema nervioso.
Su contenido en grasas proporciona energía y facilita la absorción de vitaminas, aunque varía según el tipo de queso. Consumido con moderación y dentro de una dieta equilibrada, sigue siendo un alimento completo, saciante y versátil en la cocina.