La captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos ha activó de inmediato los mecanismos de sucesión previstos en la Constitución de Venezuela.
Ante la ausencia física del mandatario, la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, ha asumido el liderazgo del Ejecutivo desde Caracas, exigiendo “pruebas de vida” de su predecesor mientras los altos mandos militares permanecen en alerta.
El orden constitucional y la “falta absoluta”
La legislación venezolana, específicamente en su Artículo 233, establece los protocolos ante la “falta absoluta” del presidente. Al ser Maduro capturado y trasladado a un tercer país para ser juzgado, se configura un escenario de ausencia permanente.
Según la carta magna, en este supuesto, el Vicepresidente Ejecutivo debe encargarse de la presidencia de la República. Si la falta ocurre durante los últimos dos años del período constitucional, el sucesor debe completar el mandato restante.
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Sin embargo, el contexto de una intervención militar externa añade una capa de complejidad jurídica. Mientras sectores de la oposición y la comunidad internacional cuestionan la legitimidad del actual período presidencial iniciado en 2025, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y la Asamblea Nacional, ambos controlados por el oficialismo, han ratificado que no existe un vacío de poder y que la continuidad del proyecto bolivariano está garantizada bajo el mando de Rodríguez.
Altos mandos: el chavismo más allá de Maduro
Pese a las expectativas de un desmoronamiento del sistema tras 26 años de hegemonía iniciada por Hugo Chávez, las estructuras de poder en Venezuela muestran signos de resistencia. Además de Delcy Rodríguez, figuras clave como su hermano, Jorge Rodríguez (Presidente de la Asamblea Nacional), y el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, mantienen el control de las instituciones y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
La permanencia de estos cuadros sugiere que el chavismo ha pasado de un liderazgo unipersonal a una gestión colegiada de crisis. En sus primeras declaraciones tras los ataques, la vicepresidenta calificó la acción estadounidense como un “secuestro”. Además, llamó a la movilización popular, asegurando que el Estado venezolano sigue plenamente operativo.
La cohesión de los mandos militares será determinante para definir si el país transita hacia una transición o un atrincheramiento del oficialismo.
El futuro inmediato tras la caída de Maduro
La comunidad internacional se encuentra dividida. Mientras naciones como Argentina y Estados Unidos celebran lo que llaman “el inicio de la libertad”, otros gobiernos de la región, como México y Brasil, han expresado su preocupación por el precedente de la intervención armada. La mirada del mundo se posa ahora sobre el Palacio de Miraflores, donde la administración provisional intenta proyectar estabilidad en medio del caos.
El destino de Venezuela no depende únicamente del juicio que Maduro enfrente en Nueva York, sino de la capacidad de la estructura chavista para sostenerse sin su principal rostro.
Por ahora, el poder reside legalmente en la vicepresidencia. Sin embargo, la presión interna y el aislamiento económico plantean dudas sobre la viabilidad a largo plazo de un gobierno que perdió su figura central.