Hoy, 31 de diciembre de 2025, las carreteras y calles de Ecuador se convierten nuevamente en el escenario de una de las manifestaciones culturales más arraigadas del país: el desfile de las monigotes vivientes. En la provincia de Manabí, específicamente en la parroquia rural Ayacucho, del cantón Santa Ana (Manabí), la tradición de las viudas se mantiene con una vitalidad sorprendente, desafiando el paso del tiempo y las crisis sociales. No se trata simplemente de hombres vestidos con ropa de mujer; es una expresión teatral callejera que busca sacar una sonrisa a la ciudadanía en medio de las dificultades, cerrando el ciclo anual con alegría y sátira blanca. Algunas de estas viudas, llegaron a Portoviejo para hacer un recocorrigo que motivó muchas risas y añoranzas.
El epicentro de esta celebración en la zona lo marca el colectivo del Centro Turístico El Badén La Poza de Ayacucho. Ángel García, su representante, es el rostro de la perseverancia cultural. A sus 63 años, lleva más de cuatro décadas participando activamente en esta costumbre. Para él, vestirse e interpretar a estos personajes no es un acto improvisado, sino un ritual que heredó de su padre ya fallecido. Este legado familiar se ha convertido en un motor de vida que lo impulsa a organizar cada detalle con meses de antelación, asegurando que la esencia de la festividad perdure.
Un esfuerzo transnacional por la comunidad
La preparación para este último día del año trasciende fronteras. García, quien reside en Estados Unidos, confiesa que pasa todo el año pensando en este momento. El sacrificio económico y logístico es considerable, pues él mismo se encarga de traer desde el norte las máscaras, pelucas y disfraces necesarios para caracterizar a figuras icónicas como Celia Cruz, los Clinton o Obama. Este esfuerzo no tiene fines de lucro; su única recompensa es ver a su gente disfrutar. Es un acto de amor hacia su tierra natal, buscando aportar un “granito de arena” positivo ante la situación difícil que atraviesa el Ecuador en la actualidad.
La dinámica del grupo es inclusiva y diversa, abarcando desde imitaciones de políticos hasta grupos coreográficos con nombres jocosos como “Las Nenas” o “Caramelo Caliente”. Sin embargo, existe una regla de oro impuesta por el organizador: el respeto. A diferencia de lo que ocurre en otros lugares donde la tosquedad puede primar, en este grupo de viudas se prohíbe la vulgaridad o el desnudo. La intención es ofrecer un espectáculo sano, donde la picardía no cruce la línea de la ofensa, permitiendo que familias enteras, desde niños hasta abuelos, puedan disfrutar del recorrido sin incomodidades.
El relevo generacional está asegurado para la tradición de las viudas
Uno de los aspectos más destacados de esta jornada en 2025 es la integración de la juventud, lo que garantiza la supervivencia de la tradición. Cristian Julián Cedeño, un joven de apenas 18 años, es prueba de ello. Con siete años de experiencia interpretando a una de las viudas, Cristian ve esta actividad como algo “normal” y divertido. Para él, disfrazarse no es motivo de vergüenza, sino una oportunidad para compartir y disfrutar con los muchachos del barrio. Su participación demuestra que la juventud manabita sigue conectada con sus raíces culturales, adoptando estas prácticas y haciéndolas suyas.
Aunque Cristian no es familiar directo de Ángel García, el sentido de pertenencia al grupo es total. Él, al igual que otros sobrinos, tíos y amigos del organizador, espera con ansias la fecha para transformarse. La relación entre los veteranos de la tradición y los nuevos integrantes crea un tejido social fuerte en Ayacucho. Los trajes son provistos por el “dueño del baile”, facilitando que los chicos se sumen a la comparsa sin mayor preocupación que la de mantener el ánimo festivo. Esta simbiosis entre experiencia y energía juvenil es lo que permite que el evento se renueve año tras año.
Celebración de fin de año con las viudas
El itinerario de hoy es intenso y está marcado por la algarabía. El grupo realiza un recorrido en rancheras que parte desde Ayacucho, avanzando hacia Santa Ana y Portoviejo, llevando el color de las viudas a diferentes rincones de la provincia. A pesar de los riesgos que implica el tráfico o la seguridad, el deseo de cumplir con la tradición prevalece. La jornada culmina con una gran fiesta en el sitio La Poza de Ayacucho, donde la música y el baile toman el protagonismo para despedir al 2025. Este año, la celebración contará con la presencia de orquestas invitadas, como la de Majito Mendoza, prometiendo una noche inolvidable.
En conclusión, mientras el sol se oculta en este último día del año, Ecuador reafirma su identidad a través de estas prácticas. Las viudas no solo lloran al año viejo que se va; celebran la vida y la resistencia de un pueblo que, a pesar de los problemas, elige reír. Ángel García y Cristian Cedeño, separados por generaciones pero unidos por la misma pasión, son el reflejo de un país que valora su historia y mira con esperanza el futuro. La cultura popular sigue siendo el refugio donde la comunidad se encuentra, se abraza y se desea un feliz año nuevo.



